Bonobos y Seres Humanos
He viajado en varias ocasiones a India. Ese inmenso país en forma indudable siempre me llevará emocionalmente contra las cuerdas y por añadidura a un cuestionamiento interno. Cuando somos cuestionados durante un viaje, salimos de nuestro círculo de confort. Creo que esa es la gran diferencia entre viajar e ir de vacaciones. En el cuestionamiento siempre se cruzan fronteras íntimas e inevitablemente hay una expansión.
La última vez que viaje a ese país fue en el año 2019. Recuerdo que en la ciudad de Jodhpur Blanca y yo nos encontrábamos en la plaza pública donde varios turistas tomaban refrigerios para aminorar los efectos del calor de la tarde, mientras los locales hacían su vida diaria entre las idas, venidas y las vendimias. Ya entrada la tarde al cruzar en medio dela pequeña plaza para irnos al hotel ,nos encontramos con un hombre o con el torso de un hombre a un lado de una vasija que evidenciaba su condición de mendigo. El pobre no tenía ninguna de sus extremidades.
Al agacharme para dejar unas cuantas rupias dentro de la vasija, traté de hacer contacto visual con este individuo y lo hice. Sus ojos no me dijeron absolutamente nada. Era como asomarse al vacío. No pude dejar de cuestionarme la condición de ese hombre. De hecho me pareció que ni siquiera éramos de la misma especie. Aun con mis perros tengo cierto nivel de comunicación al mirarnos a los ojos, pero aquellas pupilas correspondían a la oscuridad de un abismo. Después de aquella experiencia pensé que esa comunicación implícita que tengo con otros seres humanos al hacer contacto visual, correspondían a nuestras circunstancias similares y al resultado de que somos habitantes de una misma época. Era tal vez por eso que no pude hacer contacto con aquel hombre. Su situación de vida era totalmente incomprensible para mí.
Ahora nos encontrábamos en Kinshasa y al otro día viajariamos en avión a la ciudad de Kisangani para empezar con nuestra travesía a través del rio Congo. Con el objeto de rellenar el día nos dirigimos al santuario de los bonobos en las afueras de la ciudad. “Lola ya Bonobo” es el nombre del sitio y ONG que se dedica a rescatar esta especie de primates quienes se encuentran en peligro de extinción, ayudándoles a ser rehabilitados con la idea de reinsertarlos en su hábitat natural que es la selva. La gran mayoría son huérfanos de padres muertos por los cazadores furtivos o malheridos por los mismos. Ademas de pasar el día en esta parte selvática en las afueras de la ciudad , Alonso (el líder del grupo) quería hacer contacto con la ONG para saber si en la reserva de “Lomako Yokokala” nos podrían recibir los guardabosques para llevarnos a ver a los bonobos en su hábitat natural.
Esta reserva se encuentra en el corazón mismo de la República Democrática del Congo y para llegar a esta selva impenetrable nos tomaría cientos de kilómetros de navegación a través del Río Congo y después adentrarnos en la selva misma para posteriormente, ya fuera navegar otros ríos o caminar a través de la jungla para finalmente llegar a este sitio. A diferencia de las junglas de Ruanda y Uganda donde la observación del gorila de montaña y chimpancé se ha convertido en una actividad turística y lucrativa. Este sitio no ha recibido nunca a ningún turista. Solo investigadores. La comunicación con los guardabosques era muy precaria y todavía no se había llegado a un acuerdo sobre si nos recibirán o no. La duda a disipar era si había otra mejor manera de comunicación con ellos y si la visita era posible.
Los bonobos también son conocidos como los chimpancés pigmeos y estos solo se pueden encontrar en esta parte del mundo. Comparten un 98% con el ADN de los seres humanos. Por añadidura las similitudes van mucho más allá de lo que podemos pensar. Al observar a los críos jugar entre ellos y cómo corrían hacía sus madres cuando se sentían intimidados por nosotros, era como encontrarse en una guardería infantil. Las similitudes con nosotros en verdad son impresionantes. Inclusive las posturas de los adultos eran las de cualquier ser humano. Las expresiones faciales son totalmente comprensibles tal como las del hombre o la mujer desconocida que te encuentras en el transporte público. Todas esas cosas con las que convivimos con otros humanos o inclusive nuestro comportamiento no son el resultado de nuestra civilización o nuestro grupo social. Son el resultado del comportamiento de nuestra especie.
Ciertamente lo que me pareció más impresionante fue el contacto visual. Esa mirada íntima revelaba que estos primates son nuestros parientes lejanos. Ese contacto manifestaba un todo. Solo hacía falta poner esos ojos en las cavidades de otro humano para que dejara de ser un pariente lejano. Después de esa experiencia pensé en aquel torso humano que respiraba y sentía en aquella plaza de Jodhpur. Aquella falta de comunicación no era el resultado de nuestras circunstancias de vida. Aquellas cavidades vacías eran el resultado de la deshumanización. Y la deshumanización solo la podemos lograr los seres humanos con nuestros semejantes.
En este viaje pude ver y experimentar como los Congoleños denostaban a esta especie tan parecida a nosotros y solo la veían como una fuente de alimento o un ser inferior. Nos espantamos por ese salvajismo tan atroz o como durante la colonia los Belgas trataron a los Congoleños, pero esas diferencias entre aquellos colonizadores y los contemporáneos sólo han cambiado en cuanto a las formas y no en el fondo. La mirada de muchos de nosotros(incluyéndome) era de gran desdén hacia los congoleños, sin poder ver nuestras propias actitudes. Muchos de los compañeros de viaje tomaron esta aventura como una manera de satisfacer sus egos a pesar de los congoleños e inclusive del grupo mismo en el que viajaban. Tal como lo hacían los Congoleños con sus compatriotas y con nosotros cuando tenían la oportunidad.
Esto me hizo pensar en la película de Ridley Scott que se llama “El último duelo” En la trama de esa película se refleja el machismo del hombre medieval. Al ver esa película solo pude reconocer el machismo que todavía persiste porque está plasmado en otra época yen otro mundo. Solo así quedaba claro. ¿Lo mismo me sucedía con esos comportamientos tan míseros y poco empáticos que pude ver en los Congoleños pero no puedo ver en mi mismo y la gente que me rodea? ¿Somos cómplices unos de otros en nuestras pobres actitudes? ¿En realidad somos tan civilizados como pensamos? Todavía estamos muy lejos de serlo que percibimos de nosotros mismos y estoy convencido de lo que afirmaba Friederich Nietzche. “El hombre moderno es tan solo el puente entre el animal y el super hombre”





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