La paciencia del destino
Las horas de navegación eran largas. Unos dormían, mientras otros leían o escribían. Algunos conversaban y todos entrabamos en el mismo canal cuando pasabamos desde la proa de una mano hacía otra el arroz, en día de suerte el pescado y en los primeros días el postre que consistía en deliciosas piñas con sal. “Cuidate de las aguas calmas” decía mi viejo sobre ciertas personas que se presentan como seres tranquilos y en son de paz. Aunque es un viejo dicho de nuestra lengua yo lo recuerdo en la voz de mi padre. Ciertamente se podría aplicar a la corriente del Río Congo. Su sereno movimiento es prácticamente imperceptible, pero implacable. La selva que pareciera un telón entre el mundo acuático y todo aquello que oculta tras de sí parece una cortina de misterio. Se funde en el horizonte en avenidas que se dividen y se vuelven a juntar en un lento ritmo al destino. En forma constante se ven pequeñas piraguas tri...