
Hace días que he pensado en narrar mi experiencia en la República Democrática del Congo. Realmente no he podido ni siquiera ordenar mis pensamientos para empezar a contar la historia. No creo que haya palabras, imágenes o videos para hacerlo. El Congo sólo se puede experimentar y quedarte con lo vivido para tu propio ser. Es algo que poco a poco tu mente y tu cuerpo intenta asimilar.
Hace muchos años visité a un amigo en la ciudad de Monterrey. Luis es un amigo peculiar con apetitos insaciables en el arte, en la cultura y creo en todo sería justo decir. Lo conocí en mi época universitaria en Guadalajara. Durante la noche proyectó la película de “apolipsis now” en un muro de su casa. En la conversación y retroalimentación del film de Francis Ford Coppola, me reveló que la película había sido inspirada en una obra literaria que toma lugar en el río Congo. La narrativa del libro trata sobre un hombre Britanico de la época victoriana que se adentra a las entrañas del río y de la selva. A medida que penetra más en la profundidad del corazón de África todo se va deslizando y la locura empieza a desplegarse.Se trata del gran clásico de la literatura de Joseph Conrad “El corazón de las tinieblas”.
Después de haber viajado por el Congo y adentrarme en sus entrañas, me doy cuenta que toda esa narrativa de locura no se trata de una obra literaria. Es simplemente un diario.
La belleza del río es seductora. La selva es lo único que irrumpe el cielo azul cargado de nubes dispersas que poco a poco se van juntando como la premonición de una gran tormenta que se aproxima. La tormenta interior. Los árboles se estiran como largos brazos que con sus ramas a manera de manos quisieran tocar y robar todo el flujo del agua.
Es la ley natural……………….el eterno conflicto de las especies de acaparar recursos para la supervivencia. Las copas de los árboles recargadas sobre el agua me hicieron recordar todas esas miles de manos que amputaron los belgas a los congoleños bajo órdenes del rey Lepoldo II por no cubrir con las cuotas de caucho, marfil, minerales y diamantes. En forma metafórica pareciera que cortaron todas esas manos para que tan solo fueran las suyas las que pudieran acumular todo.De esa época solo quedan construcciones arquitectónicamente exquisitas, grúas y fábricas abandonadas en las orillas de río donde ahora viven los congoleños en una miseria total.En primera instancia el impacto de ver eso es brutal. Solo se vienen a la cabeza explicaciones ramplonas e importadas de otro mundo. Un mundo que ahí no existe. Al final llegas a la conclusión de que no tiene explicación. El congo no tiene explicación y algo se va revelando en capas. Cada capa es más espesa que la otra y los pensamientos se van inmovilizando es las arenas movedizas de lo absurdo.
Ese cielo azul cargado de nubes y las formas caprichosas de la selva que se reflejan en las tranquilas y calumniadoras aguas del río. Se distorsionan a capricho del viento, la caída de una hoja o la estela de una canoa. Ese reflejo pareciera ser otra dimensión, otro espacio tiempo que se estira y se deforma. Ahí pareciera radicar la realidad del Congo y lo que para nosotros es la realidad es tan solo un reflejo caprichoso y absurdo.Tal vez si me hubiera dejado seducir un poco más y me hubiera dejado hipnotizar por ese reflejo, hubiera podido entrar a esa dimensión y ahí todo cobraría sentido.Tal vez fue eso lo que le sucedió al Sr Kurtz, o tal vez es lo que nos sucedió a todos. En ese reflejo distorsionado del agua reveló el verdadero yo de cada uno de nosotros y cada quién tendrá algo que meditar.Ahora cuando pienso sobre lo vivido en el Congo, me pregunto si todo es un producto de mi imaginación. Tal vez el Congo es un estado mental y no está ahí.
Tal vez nada existe y el Congo es la única realidad. Tal vez es el centro del mundo y así como en el centro de cada galaxia hay un abismo negro donde las leyes de la física se dislocan, el espacio se distorsiona y el tiempo corre en dirección contraria. Tal vez no es un abismo negro lo que hay en el centro de cada planeta, sino tinieblas............."el corazón de las tinieblas"







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