Arte Urbano en Kinshasa
Los montones de basura eran interminables y en algunas ocasiones se mezclaban con agua sucia del drenaje que salía de alguna construcción decadente que ni en sus mejores tiempos tuvo momentos de gloria. Por doquier había terrazas de tierra con dos o tres mesas que se desprendían de casas destartaladas en donde regularmente había algunas personas conversando y tomando cerveza al ritmo de la música africana en una gran dicotomía con los sonidos de los transeúntes, los vehículos, los mototaxis y otros bares improvisados
Para cualquier occidental pudiera haber parecido el centro de un pobre pueblo africano, pero en realidad era parte de la gran urbe de Kinshasa. La capital de la República Democrática del Congo. Para ser exacto el barrio de matonge. El lugar donde los bares, los restaurantes y la vida nocturna nunca paran aunque sea de día.
Caminamos por varias cuadras y a medida que nos alejabamos de las calles principales la sensación de encontrarse alejados de la civilización se acentuaba. Era el segundo día después de haber llegado a este gran país en el centro de África.
La impresión de que una gran aventura estaba por comenzar se podía respirar y nos llenaba de emoción aun cuando la abrumadora mezcla de olores fétidos dominaban el ambiente. El efecto que tenemos al estar en otro mundo satura los sentidos de tal manera que se siente todo y no se siente nada.
Sabíamos que la República Democrática del Congo era el país más complicado de África. La gran corrupción y disfuncionalidad ya se nos había advertido por Alonso (el líder del grupo) meses antes de partir y fue la herramienta que utilizo para vendernos una peripecia que han hecho pocos. Navegar el mítico rio Congo y adentrarnos a la selva. El grupo se componía por diez españoles, una americana, una inglesa, los dos guías y yo. Entre quienes viajamos muchos habíamos visitado más de quince países del continente y este gran reto hacía que la adrenalina acentuara la sensación de que iríamos mucho más lejos de la ultima frontera.
Ya habíamos tenido nuestra primera degustación de esa advertencia la noche anterior, cuando las autoridades del aeropuerto me habían apartado del resto del grupo para revisar mi maleta donde llevaba mi equipo fotográfico y descubrieron que llevaba un drone. Subsecuentemente me encerraron en una oficina para que prepara 200 dólares a forma de extorsión por introducir un drone en forma supuestamente ilegal. Después de un gran regateo expidieron “la licencia” con un 50% de descuento.
Esa introducción fue la primera advertencia de las cosas que estarían por venir, pero esa pequeña victoria también nos daba la seguridad que podríamos vencer todas las adversidades.
En ese momento el nerviosismo y la adrenalina que se siente antes del banderazo de salida gobernaba nuestro temple, pero había que esperar un par de días mas en la capital y en ese momento nos encontrabamos rumbo a un taller de arte urbano donde la creatividad no tenia limites y toda esa basura que se desbordaba por las calles era la herramienta y la inspiración.

La extravagancia, la demencia y la enajenación parecían girar a nuestro alrededor como lo hacen los anillos de saturno.
Al final de esa noche, tuve la sensación de que ya podía regresar pues sentí que había visto bastante y me sentí muy conforme. Pero no………..todavía faltaban otros 34 días y había mucho que ver y vivir.












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